La antepenúltima vez que España se declaró en bancarrota fue en 1867. Después se sucederían los impagos de 1872 y 1882. Pero el episodio de 1867 dejó una huella imborrable entre los españoles de la época. El país arrastraba una grave crisis financiera desde el año anterior que hacía barruntar la catástrofe. “La España ha llegado a una decadencia grande, y yo, como buen español, desearía que hubiera medios hábiles de levantar el prestigio y dignidad de este pueblo, que merece mejor suerte”. En estos términos escribía Pascual Madoz a su amigo el general Juan Prim, en enero de 1867.
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