La migración o traslado masivo de gentes ha servido tradicionalmente para explicar la formación de diversos pueblos de la Antigüedad; los mismos griegos achacaban el origen de sus distintas etnias dorias, jonias o eolias al movimiento de grupos humanos a diferentes zonas de Grecia y del Egeo, en un relato a medio camino entre la historia y el mito. Una de las principales consecuencias fue la migración de pobladores desde el Peloponeso y el oeste del continente hacia el Ática, Eubea, las islas centrales del Egeo y, finalmente, a las costas de Asia Menor: fue la llamada “gran migración jonia”, que tuvo lugar entre 1100 y 900 a.C., si bien algunos antecedentes de época micénica darían lugar a los asentamientos de Mileto y Colofón. A su vez, los tesalios eran considerados los responsables del empuje de los eolios hacia el norte de Anatolia, producto de la misma reacción en cadena.

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