Villalcázar de Sirga (Palencia) se presenta de golpe, por sorpresa, a los ojos del peregrino procedente de Frómista, en su lento caminar hacia Carrión de los Condes. Es un pueblo horizontal, callado, que sigue dormitando el silencio de una historia llena de mitos y leyendas. Pero, por nada del mundo, deberá el viajero de nuestros días pasar por alto esta etapa. El pueblo –en el centro geográfico de la provincia palentina, a 830 metros de altitud, sobre una suave colina en un horizonte que se pierde en la lejanía, en plena Tierra de Campos y a 40 kilómetros de distancia de la capital– tiene como referencia espacial la iglesia-fortaleza de Santa María, visita obligada de los peregrinos jacobeos desde tiempos medievales. Sabemos que, ya en 1069, esta población era conocida como Villasirga, en referencia al camino que pasaba por sus cercanías.
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